
En toda la realidad cognoscible, Dios es único. No es cognoscible como la tabla de multiplicar o la tabla periódica; solo Él es cognoscible, pues tiene el control absoluto de ser conocido. No está a disposición de la mente humana. Se le conoce cuando Él quiere ser conocido. Sin embargo, se le conoce en y a través de la realidad creada, que se conoce naturalmente. Por lo tanto, la gloria de Dios se exalta más no cuando lo conocemos al margen de la observación, la lectura y el estudio, sino cuando lo conocemos como resultado de su libre y misericordiosa autorrevelación en y a través de nuestra sincera observación y meditación de su obra y su Palabra en la historia.
Los placeres de Dios: Meditaciones sobre el deleite de Dios en ser Dios

John Piper
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