
Bajo los árboles ingleses medité sobre aquel laberinto perdido: lo imaginé perfecto e inviolable en la cima secreta de una montaña; imaginé sus contornos difuminados por los arrozales, o bajo el agua; lo imaginé infinito, un laberinto no de pabellones octogonales y senderos que se retorcían sobre sí mismos, sino de ríos, provincias y reinos… Imaginé un laberinto de laberintos, un dédalo de dédalos, un laberinto sinuoso, que giraba y se ensanchaba cada vez más, que contenía pasado y futuro y que de alguna manera sugería las estrellas. Absorto en aquellas fantasías ilusorias, olvidé que era un hombre perseguido; me sentí, por un tiempo indefinido, el perceptor abstracto del mundo. El vago y vivo paisaje, la luna, los restos del día obraban en mí; también lo hacía el camino de suave descenso, que evitaba cualquier posibilidad de cansancio. La noche se acercaba, pero era infinita.
El jardín de los senderos que se bifurcan.

Jorge Luis Borges
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras