
No había rincón del mundo conocido donde no se alegara que algún interés estuviera en peligro o bajo ataque. Si los intereses no eran romanos, eran los de los aliados de Roma; y si Roma no tenía aliados, entonces se los inventarían. Cuando era absolutamente imposible inventar tal interés, entonces se trataba del honor nacional. La lucha siempre estaba investida de un aura de legalidad. Roma siempre era atacada por vecinos malintencionados, siempre luchando por un respiro. El mundo entero estaba plagado de enemigos, y era manifiestamente deber de Roma protegerse de sus designios indudablemente agresivos. Eran enemigos que solo esperaban el momento de arremeter contra el pueblo romano.
Imperialismo y clases sociales: dos ensayos de Joseph Schumpeter

José Alois Schumpeter
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