
«Pues —dije, bastante sorprendido por mi propia elocuencia al inventarme todo esto—, pasa todos los días. La vieja historia de siempre. Chicos y chicas se enamoran, es decir, se vuelven locos, se quedan ciegos y sordos, y se ven el uno al otro no como animales humanos con narices cómicas, piernas arqueadas y voces de rana, sino como ángeles tan llenos de bondad resplandeciente que, como nabos huecos con velas dentro, parecen milagros de belleza. Y al minuto siguiente las velas lanzan chispas y les queman los ojos. Y se parecen el uno al otro como demonios, llenos de rencor y crueldad. Y se volverán locos el uno al otro a menos que hayan desarrollado algo de imaginación. Aunque sea la suficiente para reír.
La boca del caballo

Joyce Cary
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