
Hoy, en el bazar, vi a un comerciante sentado con las piernas cruzadas en el mostrador de su tienda, rellenando su libro de contabilidad. Una imagen común, pero algo no cuadraba; al principio no entendía qué era. Entonces comprendí: ¿sobre qué descansaba su pesado libro de contabilidad? Estaba abierto frente a él, sobre su estómago, pero sin apoyo en su mano libre, no apoyado en sus rodillas. ¿Qué demonios lo sostenía? El enigma me intrigó tanto que tuve que volver sobre mis pasos para mirar de nuevo. Allí estaba, escribiendo cómodamente en el gran libro de contabilidad, que estaba de pie, aparentemente sin apoyo, sobre su regazo. Entonces, mientras lo observaba, lo cerró y se puso de pie, y el misterio quedó resuelto. Tenía elefantiasis escrotal y había estado usando ese enorme trozo de tejido como soporte para libros.
Vacaciones hindúes

JR Ackerley
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