
En los rincones imaginarios de la tierra redonda, tocad vuestras trompetas, ángeles, y levantaos, levantaos De la muerte, vosotros, incontables infinitudes De almas, y id a vuestros cuerpos dispersos; Todos a quienes el diluvio derribó, y el fuego derribará, Todos a quienes la guerra, la muerte, la vejez, las fiebres, las tiranías, la desesperación, la ley, el azar han matado, y vosotros, cuyos ojos Contemplaréis a Dios, y jamás probaréis el dolor de la muerte. Pero dejad que duerman, Señor, y yo llore un tiempo; Porque, si por encima de todo esto abundan mis pecados, Es tarde para pedir abundancia de Tu gracia, Cuando estemos allí. Aquí en este humilde suelo, Enséñame a arrepentirme, porque eso es tan bueno Como si hubieras sellado mi perdón con Tu sangre.

Juan Donne
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