
Un perro no necesita coches de lujo, casas grandes ni ropa de diseñador. El estatus social no significa nada para él. Un palo empapado le basta. Un perro juzga a los demás no por su color, credo o clase social, sino por su esencia. A un perro no le importa si eres rico o pobre, instruido o analfabeto, inteligente o torpe. Dale tu corazón y él te dará el suyo. Era realmente muy sencillo, y sin embargo, nosotros, los humanos, mucho más sabios y sofisticados, siempre hemos tenido problemas para discernir qué es lo que realmente importa y qué no. Mientras escribía esa columna de despedida a Marley, me di cuenta de que todo estaba ahí, frente a nosotros, si tan solo abriéramos los ojos. A veces, hacía falta un perro con mal aliento, peores modales y buenas intenciones para ayudarnos a ver.

Juan Grogan
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