
Uno de los grandes mitos sobre la guerra es que existe un epicentro, un escenario central, donde las terribles fuerzas que desata pueden ser presenciadas, relatadas y recreadas como el lanzamiento de un cohete. La guerra es una actividad humana demasiado vasta como para ser contenida de manera significativa en la experiencia de un solo reportero, en un solo lugar y momento. Cuando llega, afecta a todos. Todo se ve afectado. Sin embargo, este es el atractivo del periodismo de guerra: la posibilidad de obtener una valiosa mina de oro personal para transmitirla a los hogares de una nación expectante. El temor que conlleva informar sobre una guerra es tanto el temor a perderse esta valiosa mina de oro como el temor a resultar herido o muerto en combate, y esto distingue a los reporteros de quienes tienen que luchar en las guerras. Los soldados tienen sus propias angustias en las que pensar cuando se acerca una batalla. Perderse la guerra no suele ser una de ellas.
Violaciones en movimiento: zonas de guerra, sillas de ruedas y declaraciones de independencia

Juan Hockenberry
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