
La muerte es un asunto personal que suscita tristeza, desesperación, fervor o una filosofía insensible. Los funerales, en cambio, son actos sociales. Imagínese ir a un funeral sin antes pulir el coche. Imagínese estar junto a una tumba sin su mejor traje oscuro y sus mejores zapatos negros, impecablemente lustrados. Imagínese enviar flores a un funeral sin una tarjeta que demuestre que ha hecho lo correcto. En ninguna institución social el ritual de comportamiento codificado es más rígido que en los funerales. Imagínese la indignación si el ministro modificara su sermón o experimentara con expresiones faciales. Considere la conmoción si, en la funeraria, se utilizaran sillas que no fueran esas pequeñas sillas plegables amarillas de tortura con asientos duros. No, al morir, un hombre puede ser amado, odiado, llorado, extrañado; pero una vez muerto, se convierte en el adorno principal de una celebración social compleja y formal.
Tortilla plana

Juan Steinbeck
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras