
Las últimas palabras del predicador del siglo XIX, Henry Ward Beecher, fueron: «Ahora viene el misterio». El poeta Dylan Thomas, a quien le gustaba beber tanto como a Alaska, dijo: «Me he tomado dieciocho whiskies seguidos. Creo que es un récord», antes de morir. La frase favorita de Alaska era la del dramaturgo Eugene O’Neill: «Nací en una habitación de hotel y, maldita sea, morí en una habitación de hotel». Incluso las víctimas de accidentes automovilísticos a veces tienen tiempo para decir sus últimas palabras. La princesa Diana dijo: «Oh, Dios. ¿Qué ha pasado?». El actor James Dean dijo: «Tienen que vernos», justo antes de estrellar su Porsche contra otro coche. Conozco muchas últimas palabras. Pero nunca sabré las suyas.
Buscando Alaska

Juan Verde
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