
¿Pensarás en el beso? —pregunta, y yo me río de nuevo e imito su encogimiento de hombros. Si supiera cuánto pienso en el beso. —¿Reconsiderarás lo de tomarnos de la mano? —pregunta, y en lugar de responder, muevo mi brazo para que esté junto al suyo, de modo que estamos alineados, codo con codo. Extiende su dedo meñique y lo entrelaza con el mío, y un escalofrío cálido y delicioso recorre mi brazo. Nos quedamos así un minuto, en una promesa con el meñique, que se siente como la promesa más pequeña. Y entonces tomo su mano entera y entrelazo sus dedos con los míos. Una promesa un poco más grande. O tal vez una exigencia: Por favor, sé parte de mi tribu. Es bastante simple, en realidad. Por una vez, las cosas no son complicadas. Ahora mismo, aquí mismo, solo somos nosotros, juntos, así. Palma con palma. El gesto más honesto. Una de las maneras de seguir adelante. Tal vez la mejor.
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Julie Buxbaum
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