
Ibn al-Arabi dio este consejo: No te aferres exclusivamente a ningún credo en particular, para que rechaces todos los demás; de lo contrario, perderás mucho bien, es más, no lograrás reconocer la verdadera verdad del asunto. Dios, omnipresente y omnipotente, no está limitado por ningún credo, pues dice: «Dondequiera que os volváis, allí está el rostro de Alá» (Corán 2:109). Cada uno alaba aquello en lo que cree; su dios es su propia creación, y al alabarlo se alaba a sí mismo. Por consiguiente, reprocha la incredulidad de los demás, lo cual no haría si fuera justo, pero su aversión se basa en la ignorancia.
Una historia de Dios: La búsqueda de 4.000 años del judaísmo, el cristianismo y el islam

Karen Armstrong
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