
Ha pasado una semana desde que Ami murió y esta mañana me desperté de repente horas antes del amanecer, de hecho, a la misma hora en que murió mi madre. No fue un sueño lo que me despertó, sino un pensamiento. Y con ese pensamiento juraría que escuché la voz de Ami. Pero no tengo miedo. Estoy feliz. Feliz por la comprensión. Porque no puedo evitar pensar en la persona afortunada que soy. Imagina que en todos los eones del tiempo, en todos los universos posibles de los que habla Dara, en todas las estrellas del firmamento, Ami y yo nos encontramos por un breve y brillante instante. Me detengo. Pienso. Suponiendo que en la gran infinitud de este universo dos partículas de vida, Ami y yo, giran sin cesar como granos de arena en los océanos del mundo, ¿qué probabilidad hay de que estas dos partículas, estos dos granos de arena, colisionen, se reposen brevemente juntas… en el mismo instante? Eso es lo que sucedió con Ami y conmigo… este milagro del azar.

Kathryn Lasky
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