
Jack estaba demasiado absorto en su trabajo como para oír la campana. Estaba fascinado por el reto de dar forma suave y redondeada a la roca dura. La piedra tenía voluntad propia, y si intentaba forzarla a hacer algo que no quería, se resistía, y su cincel resbalaba o se clavaba demasiado, arruinando las formas. Pero una vez que conocía el trozo de roca que tenía delante, podía transformarlo. Cuanto más difícil era la tarea, más le fascinaba. Empezaba a sentir que el tallado decorativo que le pedía Tom era demasiado fácil. Los zigzags, los rombos, los dientes de perro, las espirales y las molduras simples le aburrían, e incluso esas hojas eran bastante rígidas y repetitivas. Quería curvar follaje de aspecto natural, flexible e irregular, y copiar las diferentes formas de las hojas reales, de roble, fresno y abedul.
Los pilares de la Tierra

Ken Follett
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