
No sé si tienes hijos, Mariamjo, pero si los tienes, ruego a Dios que los cuide y te libre del dolor que yo he sufrido. Todavía sueño con ellos. Todavía sueño con mis hijos muertos. También sueño contigo, Mariamjo. Te extraño. Extraño el sonido de tu voz, tu risa. Extraño leerte y todas esas veces que pescamos juntas. ¿Te acuerdas de todas esas veces que pescamos juntas? Fuiste una buena hija, Mariamjo, y no puedo pensar en ti sin sentir vergüenza y arrepentimiento. Arrepentimiento… Cuando se trata de ti, Mariamjo, tengo océanos de arrepentimiento. Lamento no haberte visto el día que llegaste a Herat. Lamento no haberte abierto la puerta y haberte acogido. Lamento no haberte hecho mi hija, no haberte dejado vivir en ese lugar durante todos esos años. ¿Y para qué? ¿Miedo a perder la dignidad? ¿A manchar mi supuesto buen nombre? Qué poco me importan ahora esas cosas después de tanta pérdida, de todas las cosas terribles que he visto en esta guerra maldita. Pero ahora, por supuesto, es demasiado tarde. Quizás este sea el justo castigo para aquellos que han sido despiadados, para comprender solo cuando ya no hay vuelta atrás. Ahora todo lo que puedo hacer es decir que fuiste una buena hija, Mariamjo, y que nunca te merecí. Ahora todo lo que puedo hacer es pedirte perdón. Así que perdóname, Mariamjo. Perdóname. Perdóname. Perdóname.

Khaled Hosseini
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