
Esa es una de las duras realidades que aprendí desde el principio sobre la industria del modelaje: al final, tu cuerpo no te pertenece. Le pertenece al cliente. Como te pagan, creen que pueden hacer prácticamente lo que quieran contigo. Pueden rizarte el pelo, alisártelo, teñirlo, cortártelo, incluso afeitarte. He visto extensiones arrancadas de raíz y humo saliendo de las planchas mientras el pelo se quemaba. He visto a modelos meter los pies en zapatos tan pequeños que les sangraban, y he visto pestañas postizas arrancarse tan rápido que se les caían las naturales. El modelaje puede parecer glamuroso por fuera, pero créeme, la belleza puede ser un negocio sucio.
No soy un ángel: De modelo de Victoria’s Secret a modelo a seguir

Kylie Bisutti
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