
El viejo roble, completamente transformado, cubierto por una capa de savia verde oscura, se bañaba tenuemente, ondulando bajo los rayos del sol vespertino. De los dedos nudosos, las excrecencias retorcidas, el dolor y la desconfianza ancestrales, no se veía nada. A través de la corteza áspera y centenaria, donde no había ramitas, brotaban hojas tan jóvenes y jugosas, tan jóvenes, que costaba creer que la vieja criatura las hubiera engendrado. «Sí, es el mismo árbol», pensó el príncipe Andrey, y de repente lo invadió una irracional sensación primaveral de alegría y renovación. Todos los mejores momentos de su vida afloraron a su memoria de golpe. Austerlitz, con aquel cielo majestuoso, el rostro muerto y reprochador de su esposa, Pierre en el ferry, la muchacha, embelesada por la belleza de la noche, aquella noche y aquella luna… todo se abalanzó sobre su mente de repente.
Guerra y paz

León Tolstói
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras