
El delicado equilibrio entre estos factores ayuda a explicar por qué, por ejemplo, la prostituta típica gana más que el arquitecto típico. Puede parecer que no debería. El arquitecto parecería más capacitado (según la definición habitual del término) y con mejor formación (de nuevo, según la definición habitual). Pero las niñas no crecen soñando con ser prostitutas, por lo que la oferta de potenciales prostitutas es relativamente pequeña. Sus habilidades, si bien no son necesariamente «especializadas», se practican en un contexto muy especializado. El trabajo es desagradable y desalentador al menos en dos sentidos importantes: la probabilidad de violencia y la pérdida de la oportunidad de tener una vida familiar estable. ¿Y en cuanto a la demanda? Digamos simplemente que es más probable que un arquitecto contrate a una prostituta que viceversa.
SuperFreakonomics: Enfriamiento global, prostitutas patriotas y por qué los terroristas suicidas deberían comprar un seguro de vida.

Levitt/Dubner
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