
Sin embargo, tengo la fuerte intuición de que la mayor parte de la investigación biomédica importante pendiente se encuentra en el ámbito de la ciencia básica. Existe una abundancia de datos interesantes relacionados con todas nuestras principales enfermedades, y cada vez llega más información de todas las ramas de la biología. Esta nueva masa de conocimiento aún es informe, incompleta, carece de los hilos conductores esenciales, muestra señales engañosas a cada paso y está plagada de callejones sin salida. Hay ideas fascinantes por doquier, experimentos irresistibles incontables, todo tipo de nuevas maneras de abordar el laberinto de problemas. Pero cada paso es impredecible, cada resultado incierto. Es una época desconcertante, pero muy buena. No sé cómo se elaboran planes ordenados para este tipo de actividad, pero supongo que se podría averiguar revisando los registros desordenados de los últimos cien años. De alguna manera, hay que crear un ambiente que propicie que la inquietante sensación de estar equivocados sea la actitud habitual de los investigadores. Hay que dar por sentado que la única manera de entrar es aprovechándose de la imaginación humana sin restricciones, con el rigor especial necesario para reconocer que algo puede ser muy improbable, quizás casi imposible, y al mismo tiempo cierto. Localmente, una buena forma de saber cómo va el trabajo es escuchar en los pasillos. Si oyes la palabra «¡Imposible!» pronunciada como una palabrota, seguida de risas, sabrás que el plan de investigación ordenado de alguien está progresando satisfactoriamente.

Lewis Thomas
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