
La persona que te lastimó —quien te violó o asesinó a tu familia— también está aquí. Si aún sientes rabia hacia esa persona, si no has podido perdonarla, estás encadenado a ella. Todos podemos sentir la verdad emocional de esto: cuando alguien te ofende y no lo has superado, cada vez que lo ves, te falta el aire o se te acelera el corazón. Si el trauma fue realmente grave, sueñas con la venganza. Por encima de ti, está la Montaña de la Paz y la Prosperidad a la que todos queremos ir. Pero cuando intentas escalar esa colina, la persona a la que no has perdonado te pesa. Es una decisión personal si dejarla ir o no. Nadie puede decirte cuánto tiempo debes llorar una muerte o enfurecerte por una violación. Pero no puedes avanzar hasta que rompas esa cadena.
Poderosos sean nuestros poderes: cómo la hermandad, la oración y el sexo cambiaron una nación en guerra.

Leymah Gbowee
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