
Demonios malignos que habitan en el inframundo, dioses que reinan en lo alto, ángeles que luchan y protegen. Nos hemos enfrascado tanto en estas historias y en las disputas entre las distintas religiones, que la realidad ha pasado desapercibida. Nosotros, la humanidad, debemos superar esta adolescencia, dejar de lado los cuentos de hadas y asumir la responsabilidad de nuestros actos. No hay ningún demonio al que culpar, ni ningún Dios al que suplicar. Simplemente existes tú y las decisiones que tomas cada día: decisiones que te convertirán en una fuerza del bien en este mundo o en una presencia maligna. Las personas son el mal en este mundo, y de igual modo, nosotros somos lo divino. El «mal» —todo lo que perjudica a la humanidad— surge como resultado de malas decisiones y, del mismo modo, lo divino —la bondad inmortal— perdura como resultado de decisiones amorosas y compasivas. El cielo se crea aquí, en esta tierra, por una comunidad de personas compasivas, y el infierno se crea aquí, en esta tierra, por una comunidad de personas codiciosas, egoístas y apáticas. Nuestras pequeñas decisiones definen el panorama general.

LM Browning
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