
Anne, mira. ¿No podemos ser buenos amigos? Por un momento, Anne vaciló. Bajo toda su indignada dignidad, sintió una extraña y recién despertada conciencia de que la expresión mitad tímida, mitad ansiosa en los ojos color avellana de Gilbert era algo muy agradable de ver. Su corazón dio un pequeño y extraño latido. Pero la amargura de su antiguo resentimiento endureció rápidamente su vacilante determinación. Aquella escena de dos años atrás volvió a su memoria tan vívidamente como si hubiera ocurrido ayer. Gilbert la había llamado «zanahorias» y había provocado su desprecio delante de toda la escuela. Su resentimiento, que para otras personas mayores podría ser tan ridículo como su causa, no se había atenuado ni suavizado en absoluto con el tiempo. ¡Odiaba a Gilbert Blythe! ¡Jamás lo perdonaría!

LM Montgomery
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