
En realidad, donde todo fluye naturalmente, la copia sigue al original, la imagen a lo que representa, el pensamiento a su objeto; pero en el fundamento sobrenatural y milagroso de la teología, el original sigue a la copia, la cosa a su propia semejanza. «Es extraño», dice San Agustín, «pero no por ello menos cierto, que este mundo no podría existir si no fuera conocido por Dios». Esto significa que el mundo es conocido y pensado antes de existir; es más, existe solo porque fue pensado. La existencia es consecuencia del conocimiento o del acto de pensar, el original consecuencia de la copia, el objeto consecuencia de su semejanza.
La esencia del cristianismo

Ludwig Feuerbach
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