
El artista es un siervo dispuesto a dar a luz. En un sentido muy real, el artista (hombre o mujer) debería ser como María, quien, cuando el ángel le anunció que concebiría al Mesías, obedeció la orden… Creo que cada obra de arte, ya sea una obra de gran genio o algo muy pequeño, se presenta ante el artista y le dice: «Aquí estoy. Encarname. Dame vida». Y el artista o bien dice: «Mi alma glorifica al Señor», y se convierte voluntariamente en el portador de la obra, o bien se niega; pero la respuesta obediente no es necesariamente consciente, y no todos poseen la humilde y valiente obediencia de María. En cuanto a María, era poco más que una niña cuando el ángel se le apareció; no había perdido la aceptación creativa propia de su infancia ante las realidades que se mueven al otro lado del mundo cotidiano. Perdemos la capacidad de ver ángeles a medida que envejecemos, y esa es una pérdida trágica.
Caminando sobre el agua: Reflexiones sobre la fe y el arte.

Madeleine L’Engle
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras