
Recuerdo que, cuando tenía unos diez años, vi la escena de El Resplandor en la que la joven atractiva a la que Jack Nicholson abraza lascivamente en el baño embrujado del hotel envejece rápidamente en sus brazos, pasando de ser una muchacha joven y exuberante a un cadáver putrefacto en cuestión de segundos. Entendí que la escena pretendía representar una especie de horror primigenio. Al fin y al cabo, era El Resplandor. Pero la imagen de esa vieja bruja en descomposición, con los brazos extendidos en un gesto de deseo hacia el hombre que se aleja, me ha acompañado durante tres décadas, como una especie de amiga. Es mitad fantasma de los baños, mitad Naomi la Loca. No se enteró de que ya no se puede desear ni ser deseada. O quizás simplemente quiere aterrorizarlo, y lo consigue.
Los Argonautas

Maggie Nelson
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