
El anhelo de Dios nos impulsa a buscar al Señor. A veces, nuestro deseo de Dios supera nuestros deseos físicos, y la añoranza por Él es palpable. A lo largo de las Escrituras, Dios es fiel y recompensa a quienes lo buscan. Escrito durante uno de los momentos más difíciles del rey David, mientras huía por el desierto, clama: «Oh Dios, tú eres mi Dios; con ansia te busco. Mi alma tiene sed de ti, mi cuerpo te anhela, en tierra seca y árida donde no hay agua». Aunque David se esconde en el desierto, no permanece allí ni física ni espiritualmente. Cuando buscamos a Dios con todo nuestro corazón y alma, él promete revelarse a nosotros. -Hambre de Dios
Hambrienta de Dios: Escuchando la voz de Dios en lo ordinario y lo cotidiano.

Margaret Feinberg
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