
Tener sin aferrarse: Aprender a amar de manera diferente es difícil, amar con las manos abiertas, amar con las puertas golpeando sus bisagras, el armario abierto, el viento rugiendo y gimiendo en las habitaciones agitando las sábanas y haciendo sonar las persianas que golpean como gomas elásticas en una palma abierta. Duele amar con las manos abiertas estirando los músculos que se sienten como si estuvieran hechos de yeso húmedo, luego de cuchillos sin filo, luego de cuchillos afilados. Duele frustrar los reflejos de agarrar, de aferrarse, de amar y soltar una y otra vez. Inquieta recordar al amante que no está en la cama, retener lo que se le debe al trabajo que agoniza como una vela en una cueva sin aire, amar conscientemente, concienzudamente, concretamente, constructivamente. No puedo hacerlo, dices que me está matando, pero prosperas, brillas en la calle como una frambuesa de neón, flotas y navegas, un globo de helio azul brillante como botones de soltero y meciéndose en los vientos fríos y calientes de nuestra respiración, mientras hacemos y deshacemos en apasionada diástole y sístole el ritmo de nuestro vínculo sin ataduras, tener y no retener, amar con mínima malicia, hambre y enojo equilibrados momento a momento.

Marge Piercy
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