
Katherine se dejó llevar por la fascinación del momento, imaginándose en el lugar de los astronautas. ¿Qué emociones brotaban de lo más profundo de sus corazones al contemplar su hogar azul acuático desde el vacío del espacio? ¿Cómo se sentirían al estar separados por un abismo casi inimaginable del resto de la humanidad, pero llevando consigo las esperanzas, los sueños y los miedos de toda su especie en su diminuta y vulnerable nave? La mayoría de la gente que conocía no habría cambiado su lugar por el de los astronautas ni por todo el oro de Fort Knox. Los hombres existían completamente solos allí, en el vacío del espacio, conectados de forma tan tenue a la Tierra, con la posibilidad real de que algo saliera mal. Pero si hubiera tenido la oportunidad de unirse a los astronautas, Katherine Johnson habría hecho las maletas de inmediato. Incluso sin la presión de la carrera espacial, incluso sin el mandato de vencer al enemigo. Para Katherine Johnson, la curiosidad siempre vencía al miedo.
Figuras ocultas: El sueño americano y la historia jamás contada de las matemáticas negras que ayudaron a ganar la carrera espacial.

Margot Lee Shetterly
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