
El trabajo intelectual a veces, el espiritual sin duda, el artístico siempre: son fuerzas que caen a su alcance, fuerzas que deben trascender el momento presente y las limitaciones de la costumbre. Tampoco se puede separar el trabajo en sí de la vida misma. Como los caballeros de la Edad Media, poco puede hacer la persona con inclinaciones creativas salvo prepararse, cuerpo y espíritu, para la labor que le espera, pues sus aventuras son inciertas. En verdad, el trabajo en sí es la aventura. Y ningún artista podría, ni querría, emprender este trabajo con menos que una energía y concentración extraordinarias. Lo extraordinario es la esencia del arte.
Río arriba: Ensayos seleccionados

María Oliver
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