
Cuando hablo en términos cristianos o budistas, simplemente selecciono un dialecto en ese momento. Las palabras cristianas representan para mí el vocabulario reconfortante del lugar de donde vengo, las voces de mi pueblo natal que dicen más de lo que el idioma mismo puede expresar sobre lo bienvenido y seguro que estoy, cuáles son las expectativas y dónde encontrar comida. Las palabras budistas provienen de otro dialecto, de la gente de más allá de la montaña. He aprendido a hablar budista con bastante fluidez, lo que me ayuda a ver mi país de origen de otra manera, pero nunca será un idioma en el que me sienta completamente a gusto.
El granero al final del mundo: El aprendizaje de un pastor cuáquero y budista

María Rosa O’Reilley
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