
En teoría, el alma es competencia de la religión. Sin embargo, en la sociedad actual, relativamente pocas personas recurren a la religión para sanar su desesperación, y con razón. En muchos sentidos, la religión organizada ha renunciado a su papel de consuelo espiritual, si no por sus propias malas prácticas, al menos por su desconexión con la esencia espiritual de su misión. La psicoterapia moderna ha intentado compensar esta carencia, pero tampoco logra brindar el apoyo necesario para sanar nuestro dolor emocional. La profesión psicoterapéutica ha recurrido ahora a la industria farmacéutica para suplir su frecuente falta de eficacia, pero esta industria carece de la capacidad de hacer algo más que adormecer nuestra tristeza.
De las lágrimas al triunfo: El viaje espiritual del sufrimiento a la iluminación

Marianne Williamson
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