Mario Quintana

La calle de los molinos de viento La primera vez que me asesinaron, perdí la sonrisa que tenía. Luego, cada vez que me mataron, me quitaron algo. Hoy, de mis cadáveres soy el más desnudo, el que no tiene nada. Un trozo de vela amarillenta arde, como la única posesión que me queda. ¡Venid! ¡Cuervos, chacales, salteadores de caminos! ¡Porque de esta mano codiciosa no arrebataréis la luz sagrada! ¡Aves de la noche! ¡Alas del horror! ¡Volad! ¡Porque la luz temblorosa y triste, como un suspiro, la luz de un muerto nunca se apaga!
– Mario Quintana –


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La calle de los molinos de viento La primera vez que me asesinaron, perdí la sonrisa que tenía. Luego, cada vez que me mataron, me quitaron algo. Hoy, de mis cadáveres soy el más desnudo, el que no tiene nada. Un trozo de vela amarillenta arde, como la única posesión que me queda. ¡Venid! ¡Cuervos, chacales, salteadores de caminos! ¡Porque de esta mano codiciosa no arrebataréis la luz sagrada! ¡Aves de la noche! ¡Alas del horror! ¡Volad! ¡Porque la luz temblorosa y triste, como un suspiro, la luz de un muerto nunca se apaga!


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Mario Quintana


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