
¿Alguna vez has sentido cómo se desplegaba tu destino, amado/a? ¿Has experimentado la intensidad de la búsqueda, la fijación de la atención que solo el destino puede explicar? ¿Alguna vez te has dicho a ti mismo/a que tus sentimientos eran excesivos, pero sabías que algo enorme y crucial te arrastraba como una resaca? Puedes luchar contra esa corriente todo lo que quieras; sabes que seguirá teniendo su efecto. O puedes intentar nadar con ella y maravillarte de tu propio poder, hasta que te detienes y te das cuenta de que no te mueves, sino que te mueven. No tienes el control, en absoluto, y eso es lo que hace que la sensación sea tan exquisitamente emocionante.
Diana, ella misma: Una alegoría del despertar

Martha N. Beck
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