Matthew Lewis

El hombre nació para vivir en sociedad. Por poco que se apegue al mundo, jamás podrá olvidarlo del todo, ni soportar ser olvidado por él. Disgustado por la culpa o el absurdo de la humanidad, el misántropo huye de ella: decide convertirse en ermitaño y se entierra en la caverna de alguna roca lúgubre. Mientras el odio inflama su pecho, tal vez se sienta satisfecho con su situación; pero cuando sus pasiones comienzan a apaciguarse, cuando el tiempo ha mitigado sus penas y curado las heridas que llevó consigo a su soledad, ¿crees que la satisfacción se convierte en su compañera? ¡Ah, no, Rosario! Ya no sostenido por la violencia de sus pasiones, siente toda la monotonía de su vida, y su corazón se convierte en presa del hastío y el cansancio. Mira a su alrededor y se encuentra solo en el universo: el amor por la sociedad revive en su pecho, y anhela regresar a ese mundo que ha abandonado. La naturaleza pierde todo su encanto ante sus ojos: nadie está cerca para señalarle sus bellezas ni para compartir su admiración por su excelencia y variedad. Apoyado en el fragmento de alguna roca, contempla la cascada con la mirada perdida; observa sin emoción la gloria del sol poniente. Lentamente regresa a su celda al atardecer, pues nadie allí espera su llegada; no encuentra consuelo en su solitaria y desagradable comida: se deja caer sobre su lecho de musgo, abatido e insatisfecho, y despierta solo para pasar un día tan insípido y monótono como el anterior.
– Matthew Lewis –


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El hombre nació para vivir en sociedad. Por poco que se apegue al mundo, jamás podrá olvidarlo del todo, ni soportar ser olvidado por él. Disgustado por la culpa o el absurdo de la humanidad, el misántropo huye de ella: decide convertirse en ermitaño y se entierra en la caverna de alguna roca lúgubre. Mientras el odio inflama su pecho, tal vez se sienta satisfecho con su situación; pero cuando sus pasiones comienzan a apaciguarse, cuando el tiempo ha mitigado sus penas y curado las heridas que llevó consigo a su soledad, ¿crees que la satisfacción se convierte en su compañera? ¡Ah, no, Rosario! Ya no sostenido por la violencia de sus pasiones, siente toda la monotonía de su vida, y su corazón se convierte en presa del hastío y el cansancio. Mira a su alrededor y se encuentra solo en el universo: el amor por la sociedad revive en su pecho, y anhela regresar a ese mundo que ha abandonado. La naturaleza pierde todo su encanto ante sus ojos: nadie está cerca para señalarle sus bellezas ni para compartir su admiración por su excelencia y variedad. Apoyado en el fragmento de alguna roca, contempla la cascada con la mirada perdida; observa sin emoción la gloria del sol poniente. Lentamente regresa a su celda al atardecer, pues nadie allí espera su llegada; no encuentra consuelo en su solitaria y desagradable comida: se deja caer sobre su lecho de musgo, abatido e insatisfecho, y despierta solo para pasar un día tan insípido y monótono como el anterior.

El Monje


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Matthew Lewis


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