
Camina plácidamente entre el ruido y la prisa, y recuerda la paz que puede haber en el silencio. En la medida de lo posible, sin renunciar a tus principios, mantén buenas relaciones con todos. Habla tu verdad con calma y claridad, y escucha a los demás, incluso a los necios e ignorantes; ellos también tienen su historia. Sé tú mismo. Sobre todo, no finjas afecto. Tampoco seas cínico con respecto al amor, pues frente a toda aridez y desencanto, es perenne como la hierba. Acepta con benevolencia los consejos de los años, renunciando con gracia a las cosas de la juventud. Cultiva la fortaleza de espíritu para protegerte de la desgracia. Pero no te angusties con fantasías. Muchos miedos nacen del cansancio y la soledad. Más allá de una sana disciplina, sé amable contigo mismo. Eres un hijo del universo, al igual que los árboles y las estrellas; tienes derecho a estar aquí. Y aunque no te resulte evidente, sin duda el universo se desarrolla como debe. Por lo tanto, mantén la paz con Dios, sea cual sea tu concepción de Él, y cualesquiera que sean tus trabajos y aspiraciones, en medio del bullicio de la vida, conserva la paz interior. A pesar de sus falsedades, penurias y sueños rotos, sigue siendo un mundo hermoso.
Desiderata – Un poema para una forma de vida

Max Ehrmann
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