
Estas incursiones en el mundo real agudizaron su convicción de que los científicos necesitaban la formación más amplia posible. Solía decir: «¿Cómo se puede diseñar para las personas si no se conocen la historia y la psicología? Es imposible. Porque aunque las fórmulas matemáticas sean perfectas, la gente las estropeará. Y si eso ocurre, significa que uno mismo las ha estropeado». Salpicaba sus clases con citas de Platón, Chaka Zulu, Emerson y Chang-tzu. Pero como profesor popular entre sus alumnos —y defensor de la educación general—, Thorne se encontraba nadando contracorriente. El mundo académico avanzaba hacia un conocimiento cada vez más especializado, expresado en una jerga cada vez más densa. En este contexto, ser querido por los alumnos era señal de superficialidad; y el interés por los problemas del mundo real era prueba de pobreza intelectual y una preocupante indiferencia hacia la teoría.
El mundo perdido

Michael Crichton
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