
Parecía el comienzo de la felicidad, y Clarissa aún se sorprende a veces, más de treinta años después, al darse cuenta de que lo fue; que toda la experiencia se redujo a un beso y un paseo. La anticipación de la cena y un libro. La cena ya está olvidada; Lessing ha sido eclipsada por otros escritores. Lo que permanece intacto en la mente de Clarissa más de tres décadas después es un beso al atardecer sobre un trozo de hierba seca y un paseo alrededor de un estanque mientras los mosquitos zumbaban en el aire que oscurecía. Permanece esa singular perfección, y es perfecta en parte porque, en aquel momento, parecía prometer claramente mucho más. Ahora lo sabe: Ese fue el momento, justo entonces. No ha habido otro.

Michael Cunningham
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