
… los cambios profundos que ocurren en la vida de un discípulo nunca provienen de que el discípulo se esfuerce por hacer algo. Provienen de llegar a un lugar donde Jesús lo es todo, y simplemente nos sentimos abrumados por el don. A veces parece que Dios nos ama demasiado. Su amor va mucho más allá de nuestra capacidad de dejar de ser morales, religiosos, obedientes y victoriosos, y simplemente nos derrumbamos en sus brazos. Del evangelio de que Jesús es el único Mediador entre Dios y la humanidad surge una vida cristiana que se asemeja a la de Jesús, una vida que Jesús reconocería. Es una vida que se asemeja a la de Jesús porque Jesús lo hace todo, y todo lo que nosotros hacemos es aceptar su don. Y para aceptar su don, tenemos que renunciar a intentar ser Jesús. De ese descubrimiento surge una vida cristiana libre de la tiranía de los adjetivos innecesarios —incluso mi preferido modificado, con forma de Jesús— y que simplemente sigue a Aquel que nos ama más allá de las palabras o la recompensa.
Mera religiosidad: Encontrando el camino de regreso a una espiritualidad inspirada en Jesús

Michael Spencer
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