
En la base de la vida cristiana, existe una especie de individualidad sagrada, una soledad santa que clama por estar a solas con Dios. Esto no lo abarca todo en la vida cristiana. No borra aquellas partes de la experiencia cristiana que se dan en el contexto de las relaciones, pero esta soledad sagrada necesita ser descubierta, respetada y protegida. Es ese lugar donde escuchamos de manera irrefutable que Dios nos ama, y llegamos a saber que, sin importar lo que otros digan o nos hagan, Dios no nos abandonará. Esa soledad santa es el lugar donde encontramos al Espíritu de Dios transformando nuestros afectos y reorientando nuestra identidad. Para los seguidores de Jesús, es tierra sagrada.
Mera religiosidad: Encontrando el camino de regreso a una espiritualidad inspirada en Jesús

Michael Spencer
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