
La alfabetización científica es un ideal noble. Sin embargo, alcanzarla resulta problemático debido a nuestra mentalidad colectiva. Si equiparamos ciencia con conocimiento, comunicar hechos, cifras y teorías debería ser una forma de aumentar el interés del público. No obstante, todo se reduce a la autoridad que difunde la información. ¿A quién escuchamos cuando hay fuentes contradictorias? El deseo de certeza de nuestro cerebro y su tendencia a evaluar la nueva información en función de señales sociales implican que cualquiera que se presente como experto, que suene seguro, comparta nuestros valores y halague nuestras expectativas, tiene más probabilidades de convencernos, independientemente de los méritos científicos de su argumento.
Ciencia tribal: cerebros, creencias y malas ideas

Mike McRae
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