
El sabotaje cultural está experimentando un resurgimiento, en parte debido a los avances tecnológicos, pero también, y más concretamente, a las leyes fundamentales de la oferta y la demanda. Algo, latente en la conciencia colectiva, se complace en ver cómo se subvierten y ridiculizan los símbolos del poder corporativo. En resumen, existe un mercado para ello. Con el mercantilismo capaz de imponerse a la autoridad tradicional de la religión, la política y la educación, las corporaciones se han convertido en el blanco natural de todo tipo de ira y rebeldía. La nueva ética que el sabotaje cultural explota es la de atacar directamente a las corporaciones.
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Naomi Klein
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