
No tenemos que gastar dinero, pasar hambre, luchar ni estudiar para ser sensuales; siempre lo hemos sido. No necesitamos creer que de alguna manera debemos ganarnos un buen cuidado erótico; siempre lo hemos merecido. La feminidad y su sexualidad son hermosas. Las mujeres lo han sospechado en secreto durante mucho tiempo. En esa sexualidad, las mujeres ya son físicamente hermosas; magníficas; impresionantes. Muchos, muchísimos hombres también lo ven así. Un hombre que quiere definirse como un verdadero amante de las mujeres admira lo que se refleja en el rostro de una mujer, antes incluso de que ella lo viera, y las aventuras y tensiones que su cuerpo ha sufrido, las cicatrices del trauma, los cambios del parto, sus rasgos distintivos, la luz en su expresión. El número de hombres que ya ven así es mucho mayor de lo que los árbitros de la cultura de masas nos quieren hacer creer, puesto que la historia que necesitan contar termina con la moraleja opuesta.
El mito de la belleza

Naomi Wolf
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