
Los humanos somos una especie que cuenta historias. A lo largo de la historia, nos hemos contado historias unos a otros y a nosotros mismos como una de las maneras de comprender el mundo que nos rodea. Cada cultura tiene su mito de la creación sobre cómo surgió el universo, pero las historias no se limitan a la visión general; otras historias abordan cada aspecto del mundo que nos rodea. Los humanos somos charlatanes y no podemos resistirnos a contar una historia sobre casi todo. Por muy convincentes y entretenidas que sean estas historias, no llegan a ser explicaciones porque, al fin y al cabo, no son más que historias. Para cada historia se puede contar una variación diferente, o un final diferente, sin que haya razón para elegir entre ellas. Si eres escéptico o intentas comprobar la veracidad de estas historias, normalmente encontrarás que la mayoría de ellas son deficientes. Una forma de abordar esto es prohibir la indagación escéptica, tachándola de herejía. Este concepto es tan convincente que fue desarrollado de forma independiente por culturas de todo el mundo; es el origen de la religión: un conjunto de historias sobre el mundo que deben aceptarse por fe y nunca cuestionarse.

Nathan Myhrvold
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