
Si mis predicciones son correctas, no existe poder alguno, salvo la misericordia divina, para revelar, ya sea mediante palabras, símbolos o emblemas, los secretos que se ocultan en el corazón humano. El corazón, al hacerse culpable de tales secretos, se ve obligado a conservarlos hasta el día en que todo lo oculto sea revelado. Tampoco he interpretado las Sagradas Escrituras como para entender que la revelación de los pensamientos y actos humanos, que entonces tendrá lugar, forme parte del castigo. Esa sería, sin duda, una interpretación superficial. No; estas revelaciones, a menos que me equivoque gravemente, tienen como único fin la satisfacción intelectual de todos los seres inteligentes que, ese día, esperarán a ver resuelto el oscuro problema de esta vida. El conocimiento de los corazones humanos será necesario para la solución más completa de dicho problema. Y creo, además, que los corazones que guardan los secretos de los que hablas los revelarán ese último día, no con reticencia, sino con una alegría inefable.
La letra escarlata

Nathaniel Hawthorne
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