
Oh, los monstruos tienen miedo’, dijo Lettie. ‘Y en cuanto a los adultos…’ Dejó de hablar, se frotó la nariz pecosa con un dedo. Luego, ‘Te voy a decir algo importante. Los adultos tampoco parecen adultos por dentro. Por fuera, son grandes e irreflexivos y siempre saben lo que hacen. Por dentro, se ven igual que siempre. Como cuando tenían tu edad. La verdad es que no hay adultos. Ni uno solo, en todo el mundo.’… Nos sentamos allí, una al lado de la otra, en el viejo banco de madera, sin decir nada. Pensé en los adultos. Me pregunté si eso era cierto: si en realidad todos eran niños envueltos en cuerpos de adultos, como libros infantiles escondidos en medio de libros largos y aburridos. De esos sin dibujos ni conversaciones.
El océano al final del camino

Neil Gaiman
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