
¿Quieres una galleta?- ¿Qué?- Una galleta. Como una Oreo. ¿Quieres una?- No.- ¿Cómo puedes no querer una galleta?- Simplemente no quiero.- Está bien, digamos que sí quisieras una galleta. Digamos que te estuvieras muriendo por una galleta, y hubiera galletas en el armario. ¿Qué harías?- ¿Comería una galleta?- Exacto. Eso es todo lo que digo.- ¿Qué estás diciendo?- Que si la gente quiere galletas, debería conseguir una galleta. Es lo que hace la gente.- Déjame adivinar. ¿Papá no te deja comer una galleta?- No. Aunque prácticamente me estoy muriendo de hambre, ni siquiera lo considera. Dice que tengo que comer un sándwich primero.- Y no crees que eso sea justo.- Acabas de decir que conseguirías una galleta si quisieras una. Entonces, ¿por qué yo no puedo? No soy un niño pequeño. Puedo tomar mis propias decisiones.- Hmm. Entiendo por qué te molesta tanto. —No es justo. Si él quiere una galleta, puede tenerla. Si tú quieres una galleta, puedes tenerla. Pero si yo quiero una galleta, las reglas no cuentan. Como dijiste, no es justo. —¿Entonces qué vas a hacer? —Voy a comerme un sándwich. Porque tengo que hacerlo. Porque el mundo no es justo con los niños de diez años.
La última canción

Nicholas Sparks
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