
Por esta razón, un príncipe debe cuidar de no pronunciar jamás nada que no esté repleto de las cinco cualidades antes mencionadas, para que quien lo vea y lo oiga parezca misericordioso, fiel, humano, íntegro y religioso. No hay nada más necesario que aparentar poseer que esta última cualidad, puesto que los hombres suelen juzgar más por lo que ven que por lo que hacen, porque todos pueden verte, pero pocos pueden conocerte. Todos ven lo que aparentas ser, pocos saben realmente lo que eres, y esos pocos no se atreven a contradecir la opinión de la mayoría, que cuenta con la majestad del Estado para defenderla; y en las acciones de todos los hombres, y especialmente de los príncipes, que no es prudente cuestionar, se juzga por el resultado.
El Príncipe

Nicolás Maquiavelo
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