
En los días posteriores a mi infarto y antes de volver a escribir, solo podía pensar en la muerte. Me había salvado otra vez, y solo después de que el peligro pasó permití que mis pensamientos se desataran hasta su inevitable final. Imaginé todas las formas en que podría morir. Coágulo de sangre en el cerebro. Infarto. Trombosis. Neumonía. Obstrucción de la vena cava. Me veía echando espuma por la boca, retorciéndome en el suelo. Despertaría en la noche, agarrándome la garganta. Y sin embargo. Por más que imaginara la posible falla de mis órganos, la consecuencia me resultaba inconcebible. Que pudiera sucederme a mí. Me obligué a visualizar los últimos momentos. La penúltima respiración. Un último suspiro. Y sin embargo. Siempre le seguía otro.
La historia del amor

Nicole Krauss
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