
En su esencia, la lógica es la del Gran Inquisidor, quien atacó amargamente a Cristo por ofrecer libertad a la humanidad y, por ende, condenarla a la miseria. La Iglesia debe corregir la obra maligna de Cristo ofreciendo a la miserable masa de la humanidad el don que más anhela y necesita: la sumisión absoluta. Debe «vencer la libertad» para «hacer felices a los hombres» y proporcionarles la «comunidad de culto» total que tanto buscan. En la era secular moderna, esto significa venerar la religión estatal, que en las democracias occidentales incorpora la doctrina de la sumisión a los amos del sistema de subsidios públicos y lucro privado, denominado libre empresa. El pueblo debe permanecer en la ignorancia, reducido a cánticos chovinistas, por su propio bien. Y al igual que el Gran Inquisidor, que emplea las fuerzas del milagro, el misterio y la autoridad «para conquistar y mantener cautiva para siempre la conciencia de estos rebeldes impotentes para su propia felicidad» y negarles la libertad de elección que tanto temen y desprecian, así también los «observadores fríos» deben crear las «ilusiones necesarias» y las «simplificaciones excesivas emocionalmente potentes» que mantienen a las masas ignorantes y estúpidas disciplinadas y contentas.
Ilusiones necesarias: El control del pensamiento en las sociedades democráticas

Noam Chomsky
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