
El éxito, dijo Bill Gates, es un pésimo maestro. Seduce a las personas inteligentes haciéndoles creer que no pueden perder. Lo mismo ocurre con las personas atractivas. La belleza reduce la conciencia de que se necesita más para conquistar el corazón de la pareja adecuada. A menudo pensamos que ser bueno en una sola cosa es todo lo que necesitamos para tener éxito, pero, en realidad, el éxito no se trata tanto de lo que se hace bien, sino de lo que se aporta. ¿De qué sirve la belleza sin inteligencia, la cultura sin carácter, el conocimiento que no tiene impacto o la habilidad que no añade valor? Para que cualquier cosa aparentemente «buena» perdure, debemos prestar mucha atención al componente intrínseco invisible que la sustenta.
El soldado interior

Olaotan Fawehinmi
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